A mis 60 años aprendí a nadar: así cambió mi vida y la de mi esposo

Me llamo Gloria y quiero contarles algo que durante muchos años pensé que jamás podría decir: aprendí a nadar. Sé que suena sencillo, casi como una anécdota menor, pero para mí y para mi esposo esto significó mucho más que aprender un deporte. Significó recuperar algo que creíamos perdido para siempre: la posibilidad de disfrutar juntos, sin miedo, de los planes más simples de la vida.

A mis 60 años aprendí a nadar: así cambió mi vida y la de mi esposo

El miedo que nos quitaba los paseos en familia

Durante décadas, cada vez que planeábamos un paseo a una piscina, a una finca con río, o unas vacaciones frente al mar, sentía una punzada de angustia. Mi esposo y yo nos mirábamos y sabíamos lo que el otro estaba pensando: «otra vez vamos a tener que quedarnos sentados viendo cómo los demás disfrutan del agua.» Nos daba pánico meternos. No sabíamos flotar, no sabíamos qué hacer si nos entraba agua a la nariz, y esa sensación de no tener control sobre nuestro propio cuerpo en el agua nos paralizaba por completo. El mar, entonces, ni se diga: para nosotros era sinónimo de peligro, no de disfrute.

Cuando el miedo se convirtió en un problema de salud

Con los años, esa limitación se fue convirtiendo también en un problema de salud. Sabíamos que la natación es uno de los ejercicios más recomendados después de los 60, por lo suave que es con las articulaciones y lo mucho que ayuda al corazón, a la circulación y a la movilidad. Pero, ¿cómo íbamos a hacer ejercicio en un medio que nos generaba terror? Así que simplemente lo descartamos como opción, resignados a buscar otras alternativas menos efectivas y, para ser honesta, menos divertidas.

El primer paso: llegar a Dolphins Gym

Todo cambió el día que mi hija nos insistió en que probáramos las clases de natación para adultos en Dolphins Gym. Recuerdo que llegué a la primera clase con el corazón acelerado, pensando que me iban a poner a nadar de inmediato en la parte honda. No fue así en absoluto. Desde el primer momento entendí que el proceso estaba pensado para personas como nosotros: con calma, con paciencia infinita, respetando nuestros tiempos y, sobre todo, sin juzgar nuestro miedo. Empezamos por lo más básico: aprender a respirar, a flotar, a confiar en que el agua no era nuestra enemiga.

Vencer el miedo, ganar confianza

Poco a poco, clase tras clase, algo empezó a moverse dentro de mí. El miedo que había cargado por más de cincuenta años se fue transformando en confianza. El día que logré flotar sola, sin ayuda, sentí que había vencido algo mucho más grande que el agua: había vencido una idea que tenía sobre mí misma, la idea de que ya era «muy tarde» para aprender cosas nuevas. Mi esposo vivió su propio proceso en paralelo, y verlo a él perder el miedo fue, quizás, tan emocionante como perder el mío propio.

Autoestima y salud: nadar como parte de nuestra rutina

Hoy, meses después, no somos las mismas personas. Mi autoestima subió de una forma que no esperaba: caminar hacia la piscina con seguridad, sin esa vocecita interna diciéndome que no era capaz, cambió también la forma en que me veo en otras áreas de mi vida. Ahora practicamos natación dos veces por semana, y esto se ha convertido en una de las mejores decisiones que hemos tomado para nuestra salud: fortalecemos los músculos, cuidamos las articulaciones y hemos notado una mejoría enorme en la movilidad y hasta en el manejo del estrés. Ya es parte de nuestra rutina, tan importante como cualquier otro compromiso, y lo mejor es que lo disfrutamos de verdad.

Jugar con mis nietos sin miedo al agua

Pero quizás lo más hermoso de todo esto ha sido lo que pasó con nuestros nietos. Antes, cuando íbamos a la piscina en familia, ellos se metían al agua y nosotros nos quedábamos en las sillas, mirando desde afuera, sintiéndonos un poco excluidos de su alegría. Ahora nos piden a gritos que nos metamos con ellos, que juguemos, que hagamos carreras. Poder compartir ese momento con mis nietos, meterme al agua con ellos sin miedo, es un regalo que no tiene precio. Es tiempo de calidad que antes simplemente no existía para nosotros.

Por qué cuento esta historia

Cuento mi historia porque sé que hay muchas personas de mi edad que están viviendo exactamente lo que yo viví: privándose de paseos, de vacaciones, de momentos en familia, por miedo a meterse al agua. Y quiero decirles algo con toda sinceridad: nunca es tarde. El cuerpo y la mente tienen una capacidad de aprender que no desaparece con los años, solo necesita el acompañamiento correcto y la paciencia adecuada. No se priven de vivir experiencias maravillosas solo por no saber nadar; yo pensé que ya no había remedio para mi miedo, y hoy disfruto del agua como nunca imaginé que sería posible.

Anímate a tomar clases en Dolphins Gym

Si usted o alguien que quiere está pasando por algo similar, los invito de corazón a tomar las clases de natación para adultos mayores en Dolphins Gym, en el Parque Sauzalito, en Ciudad Salitre. Allí encontrarán un ambiente cálido, instructores pacientes y un grupo de personas que, como nosotros, decidieron que nunca es tarde para perderle el miedo al agua y empezar a disfrutar de la vida con salud, confianza y alegría.

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